Un mes después de la caída de Al Asad, miles de familias aún buscan a sus desaparecidos

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Damasco  (EFE). Ha pasado un mes del derrocamiento de Bachar al Asad, que  permitió a miles de familias reencontrarse con sus seres queridos desaparecidos durante años en Siria, pero Samah (nombre ficticio) acaba de llegar a una plaza de Damasco para pegar un cartel con la cara de su hijo y un teléfono de contacto.

La estructura de piedra que se erige en la plaza Marjeh está cubierta con decenas de fotografías similares a la suya, algunas nuevas y la mayoría descoloridas tras permanecer a merced del invierno las últimas semanas.

La Red Siria para los Derechos Humanos (SNHR, en inglés) estimó que unas 30,000 personas fueron liberadas de centros de detención del régimen en los primeros días tras la caída, pero decenas de miles continúan desaparecidas tras 13 años de guerra civil y un mes sin Al Asad.

Samah dejó de recibir noticias de su hijo en 2015, un par de años después de que se uniera a las filas del grupo rebelde entonces conocido como Ejército Libre Sirio. Algunas personas le dijeron que estaba en la infame prisión de Sednayas.

Tres días después de que los insurgentes abrieran la cárcel, hace un mes, la mujer había llegado a la ciudad procedente de Qamishli, en el noreste del país, pero no encontró ni rastro del chico, que tenía apenas 20 años cuando desapareció.

«A TODAS PARTES» 

«Fui a la Universidad Salam y a la (plaza) Omeya y a hospitales como Mujtahid y Ebin Nafis. A cualquiera que le pregunto me dice que sus hijos también están desaparecidos, nadie sabe nada de ellos», relata la mujer a EFE.

«No lo he visto desde 2012 (…) Su padre estaba tan triste que murió, lloró y lloró y simplemente seguimos llorando. ¡Mi hijo comenzaba su vida!», exclama.

Miriam al Ahmad al Jasem está sentada en Marjeh, como cada día, pues tampoco ha podido encontrar a su hijo Hamoud. «Vengo aquí todos los días, desde la mañana hasta que se pone el sol», explica la sexagenaria, que no pierde la esperanza.

Según cuenta a EFE, lo buscaba desde antes del derrocamiento del régimen, pues perdió su pista en 2013, cuando se suponía que debía regresar a casa después de desertar junto con sus amigos del Ejército de Al Asad y pasara seis meses a un bastión opositor.

«Asignamos a alguien para que lo buscara, dijeron que estaba en Sednaya. Ahora todos los de Sednaya están fuera, pero él no ha venido», lamenta la mujer.

Foto: EFE

DOBLE DESAPARICIÓN 

Warda Jasem al Ali jura que vio un video en el que se puede observar a su hijo Abdulrahman abandonando la misma infame prisión el 8 de diciembre.

«El primer día que abrieron Sednaya lo vi salir con otros detenidos, pero ¿dónde está? Hasta ahora no le he podido encontrar», asevera y relata una historia de doble desaparición que también aseguran haber vivido otros familiares de las víctimas.

Nadie sabe qué ha pasado con ellos

«Pregunté, no hay un sitio al que no haya ido a preguntar, pero nada. Le compartí en grupos y fui a concentraciones en la plaza Omeya, sin resultado», agrega Warda, de 55 años, en declaraciones a EFE.

Ella también viene a la zona cada día por si escucha alguna noticia sobre Abdulrahman, que despareció hace siete años y hoy tendría 37. El cartel que lleva en la mano tiene una fotografía de su hijo antes de su detención, a lado de una captura de pantalla del video de su supuesta liberación.

Warda es de Al Raqa, al norte del país, llegó a Damasco pocos días después de la caída del régimen y no se ha movido. «Me quedaré un mes, o dos, no me iré hasta que le encuentre», afirma.

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