Siria, la crónica de un fracaso para Putin

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Moscú (EFE).- La cruzada rusa para salvar al líder sirio Bachar al Asad ha terminado en un sonoro fracaso. El jefe del Kremlin, Vladimir Putin, ha pasado de ser el nuevo árbitro del polvorín de Oriente Medio a un estratega que asiste impotente a su mayor derrota geopolítica.

«Lo ocurrido, seguramente, sorprendió a todo el mundo, y en este caso nosotros no somos una excepción», reconoció hoy Dmitri Peskov, portavoz presidencial, en su rueda de prensa telefónica diaria.

La llegada de Al Asad a Rusia, donde ha recibido asilo, es la constatación de un desastre, que puede ser aún mayor si Moscú se ve obligado a abandonar las dos bases militares con las que cuenta en el país árabe y que son vitales para su política en la región y en el Sahel.

Todo eran caras largas en el Kremlin en la entrega de medallas a los soldados que combaten en Ucrania. Los altos funcionarios rusos no saben cómo digerir el revés en Siria, por lo que mantienen silencio.

DEBILIDAD A OJOS DE ALIADOS Y ENEMIGOS  

La caída de Asad en menos de dos semanas expone la debilidad de la política exterior rusa. Los servicios de inteligencia volvieron a confirmar su incapacidad al no advertir a Moscú de la vertiginosa evolución de los acontecimientos en el país árabe.

DOS FRENTES, DEMASIADO PARA EL KREMLIN

La guerra relámpago en Ucrania se ha alargado ya casi tres años y el ejército ruso, lastrado por la corrupción, ha demostrado que no puede combatir en dos frentes al mismo tiempo. 

Las bravuconadas rusas sobre el lanzamiento de misiles hipersónicos tampoco han arredrado a Kiev, que atacó territorio ruso con misiles occidentales de largo alcance. Los rusos avanzan en el Donbás, pero no han expulsado a los ucranianos de la región de Kursk.

La debilidad manifiesta puede convertirse en un problema para el Kremlin de cara a las esperadas negociaciones entre Putin y el futuro presidente de EU, Donald Trump.

EL FUTURO DE LAS BASES EN EL AIRE 

Moscú entabló contacto con los rebeldes para evitar ataques contra sus bases militares: el aeródromo ruso de Jmeimim y la base de Tartus, pero sólo consiguió garantías de seguridad provisionales.

«Es prematuro hablar de ello. En todo caso, será objeto de discusión con quienes estén en el poder en Siria», reconoció Dmitri Peskov, en su rueda de prensa, y admitió que la situación en Siria es de «extraordinaria inestabilidad», 

El cierre de ambas instalaciones sería un duro golpe para Rusia, cuya flota en el Mediterráneo no tendría donde atracar, ya que el Tratado de Montreux impide su tránsito por el estrecho de Bósforo hacia sus bases en el mar Negro.

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