Naciones Unidas (EFE).- El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, dijo ayer domingo que el futuro de Siria lo debe determinar su pueblo, después de que los insurgentes islamistas entraran a Damasco y dieran por derrocado al presidente, Bachar al Asad.
«Tras 14 años de guerra brutal y la caída del régimen dictatorial, hoy el pueblo de Siria puede aprovechar una oportunidad histórica para construir un futuro estable y pacífico», anotó Guterres en un comunicado.
En ese sentido, recalcó que el futuro de Siria es una cuestión que tienen que determinar los sirios y que los enviados especiales de la ONU trabajarán con los sirios para que puedan lograr ese fin.
«Hay mucho trabajo por hacer para garantizar una transición política ordenada hacia instituciones renovadas.
Reitero mi llamamiento a la calma y a evitar la violencia en este momento tan delicado, protegiendo al mismo tiempo los derechos de todos los sirios, sin distinción», anotó Guterres.
El secretario general también anotó que se necesita «el apoyo de la comunidad internacional para garantizar que cualquier transición política sea incluyente y amplia y que satisfaga las aspiraciones legítimas del pueblo de Siria, en toda su diversidad».
«La ONU honrará la memoria de quienes han soportado el peso de este conflicto.
Seguimos comprometidos a ayudar a los sirios a construir un país donde la reconciliación, la justicia, la libertad y la prosperidad sean realidades compartidas por todos.
Este es el camino hacia una paz sostenible en Siria», concluyó Guterres en su comunicado.
PRIMER DÍA DE DAMASCO SIN AL ASAD; CELEBRACIONES HASTA EL TOQUE DE QUEDA
Celebraciones entre los combatientes con algunos tiros al aire y grupos de ciudadanos caracterizaron el primer día en Damasco sin la familia Al Asad en el poder tras 53 años de mano de hierro.
El silencio, no obstante, reinaba en la capital siria tras el toque de queda impuesto por la noche por los insurgentes.
A mediodía, las calles estaban llenas de gente y de combatientes insurgentes que disparaban al aire celebrando la caída de Bachar al Asad.
También en la famosa Plaza de los Omeyas había mucha presencia de combatientes, además de muchos ciudadanos que salieron para celebrar, según constató EFE.
Pero la caída del sol coincidía con la entrada del toque de queda impuesto desde ayer mismo -y sin fecha de duración- por el Mando de Operaciones Militares, liderado por el grupo islamista Organismo de Liberación del Levante (heredera de la exfilial siria de Al Qaeda), que inició la ofensiva hace doce días y que ha terminado derrocando a Al Asad.
PUTIN OFRECE REFUGIO A ASAD Y A SU FAMILIA EN RUSIA
El depuesto presidente sirio, Bachar al Asad, llegó ayer domingo a Rusia, cuyas autoridades le dieron refugio tras apoyar militarmente a su régimen durante la última década.
“Asad llegó junto a los miembros de su familia a Moscú. Rusia, partiendo de criterios de carácter humanitario, le ofreció asilo», informó una fuente del Kremlin a las agencias de noticias locales.
El presidente ruso, Vladímir Putin, lanzó en 2015 una operación militar que impidió entonces el derrocamiento de Asad y la toma del poder en Damasco por el Estado Islámico.
RUSIA, REFUGIO DE LÍDERES DERROCADOS
De esa forma, Moscú acabó con las especulaciones sobre la suerte -se llegó a informar que su avión fue derribado- y el paradero del derrocado presidente sirio, cuyo padre, Hafez, también fue respaldado por el Kremlin desde que llegó a la Presidencia en 1971.
Horas antes, el Ministerio de Exteriores ruso había informado de que Al Asad “tomó la decisión de dejar el puesto de presidente y abandonó el país”.
Añadió que Al Asad dio “indicaciones para llevar a cabo un traspaso del poder por la vía pacífica”.
Aunque le dio asilo, Rusia asegura no haber participado en las negociaciones con representantes de facciones armadas para que Al Asad dejara el poder.
En el pasado otros líderes depuestos también encontraron cobijo en Rusia, el más reciente el presidente ucraniano, Víctor Yanukóvich, que fue derrocado en febrero de 2014 tras la revolución del Euromaidán.
También recibió asilo en Moscú el presidente kirguís, Askar Akáyev, que tuvo que abandonar el país tras la Revolución de los Tulipanes en marzo de 2005.
Y el azerbaiyano Ayaz Mutalíbov, primer presidente de esa república exsoviética, quien huyó en mayo de 1992 a la capital rusa en medio de la guerra con Armenia por el control del enclave de Nagorno Karabaj.
EL KREMLIN ABOGA POR NEGOCIACIONES BAJO LA ONU
Aunque Rusia participó muy activamente en la guerra en el bando de Damasco -el ejército ruso informó de que había bombardeado en las últimas dos semanas las posiciones rebeldes en Alepo e Idlib-, este domingo pidió negociaciones.
«Rusia siempre abogó por la búsqueda de una solución pacífica a la crisis siria”, dijo la fuente del Kremlin, en alusión a las consultas en el Formato de Astaná que apenas dieron fruto durante los últimos años.
El Kremlin añadió que las negociaciones deben reanudarse “bajo la tutela de Naciones Unidas».
De hecho, su embajador adjunto ante la ONU, Dmitri Polianski, solicitó hoy consultas urgentes a puerta cerrada del Consejo de Seguridad de la ONU para la segunda mitad del lunes.
Al respecto, Moscú subrayó que está en contacto “con todos los grupos de la oposición siria”.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, junto a sus colegas de Irán y Turquía, abogó el sábado por el cese de las hostilidades y el inicio de un proceso de diálogo, llamamiento que llegó demasiado tarde.